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He escuchado muchas buenas historias sobre un
sitio en Escocia en donde abunda la liebre azul, y los conejos superan a la
población humana por cincuenta a uno. Como visitante regular a Escocia decidí
telefonear a Brian Paterson, personaje principal del lugar, e ir a visitar
personalmente este lugar llamado Lochindorb. Cargué mi equipo de tres
halcones de Harris: Tasha, la prima de 5 años de edad; Ty, mi torzuelo de 3
años; el miembro más joven del grupo, una joven hembra llamada Amber, y
finalmente Pepsi, mi Springer. Siguiendo las instrucciones de Brian llegué a
Devon, así que decidí enfilar al norte, y llegango al final de la carretera
A9 penetré en los dominios del verdadero cetrero, las tierras altas de
Escocia. Grantown on Spey, en Escocia, es un pequeño
pueblo con grandes tabernas y comida deliciosa. Cruzando el pueblo y unas
cinco millas al norte se encuentra una de las zonas campestres más bellas de
Gran Bretaña. Dejando la A9 en Carrbridge, seguí las señales hasta
Lochindorb. Tras corto tiempo, que me pareció eterno, recorriendo caminos
rurales de curvas, llegué a una señal indicando la ruta a la posada de
Lochindorb. La vista de la posada al
otro lado del lago, rodeada de páramos, y el eco de los murmullos de los
lagópodos a través del lago, es como la visión de un artista hecha realidad.
Al acercarse, la posada es visible sólo sobre un pequeño grupo de árboles a
un lado del lago. Al pasar con el auto y entrar a la posada, pasa uno frente
a las cabañas de los cuidadores y veladores, importantes personajes cuando
uno necesita un fuego en la chimenea y comida sobre la mesa después de un
pesado día de caza en el páramo. Una vez ahí, recibí la bienvenida de los
cetreros de las semanas pasadas, escuché todo sobre los que habían partido
ya, y me enteré de en dónde se encontraba cada cosa, pero había llegado el
momento de encargarse de las aves, y de instalarlas en el refugio que mira
hacia el lago. Los halcones pudieron estirar las alas tras el largo viaje en
sus cajas, y el perro echó una carrera, antes de que yo me instalara frente
el tibio fuego de troncos. Tras una relajante tarde con un trago, y con
preparaciones para la semana acordadas con compañeros cetreros, las imágenes
de la caza del día siguiente me siguieron a la cama. Al día siguiente nos levantamos para un gran desayuno de potaje, a la escocesa por supuesto, así como huevos, tocino, salchichas, frijoles, tomates, pan frito, pan tostado, jalea y mermelada. Parecía que ya no sería capaz de llegar al páramo, a menos que estuviera |
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lleno y listo para cualquier cosa. Luego
dividimos en grupos de Harris, cola-rojas, Falcos, Azores, etc. Decidí subir
a la colina para ver que opinaban mis pájaros de las liebres azules. Tras un
corto trecho en auto llegamos a la base de lo que parecía ser una colina
ordinaria. Puesto que volaba tres aves juntas, me separé del grupo, y subí a
la colina por un sitio distinto. Generalmente cargo dos aves, y la prima de
más edad sale al último. Al perder de vista a los demás cetreros, lancé a
todos a volar. Como los vuelo juntos en casa, no tardaron en ambientarse y
subir la colina. En este punto el único control que tengo sobre ellos es el
control que puedo ejercer sobre mi perro, y saben que éste se encontrará en
donde se halla la presa, y lo siguen. Si llamo al perro de vuelta, los
pájaros se posan en el suelo, pero mientras mantenga al perro trabajando las
aves se mantienen en el aire. Ty suele eleverse a unos 100 pies, Tasha a unos
150 pies directamente encima de Ty, y Ambar, el ave joven, a unos 300 pies,
directamente encima de Tasha. El tiempo más largo que he podido mantenerlos
en el aire han sido cincuenta y cinco minutos. Ese día no pasó mucho antes de que avistaran su
primera liebre, y se dejaran caer del cielo como flechas
rojas. Al principio la liebre escapó colina abajo con Ty siguiéndola de
cerca, y la |
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vieja hembra Tasha detrás de ambos, esperando,
mientras que Ty hacía girar a la liebre colina arriba. La liebre saltó y Ty
golpeó los brezos, Tasha capturó a la presa por el lomo y ésta saltó
pateando. La liebre se libró y escapó colina arriba, pateando hacia el cielo.
La joven Amber se encontraba demasiado alto para poder participar, pero
descendía rápidamente, y aunque nunca antes había visto una liebre azul, la
prendió confiadamente de la cabeza. Ty se encontraba de nuevo en el aire,
pero la joven hembra no necesitaba ayuda, si bien pájaro y liebre se debatían
entre los brezos. No pasó mucho tiempo antes de que Pepsi sacara
otra liebre. Esta vez Amber no tuvo siquiera oportunidad. Ty la capturó
limpiamente sin ayuda, mientras Tasha pasó turno y se posó en el suelo
malhumorada, a unos veinte pies de distancia. Ambar descendió para asegurarse
de que Ty no perdiese la presa, pero en el momento en que llegó abajo la
liebre estaba ya en el morral, a todo parecía indicar que tendríamos una
buena jornada. Vimos numerosas liebres subir la colina y desaparacer sobre
ella, pero los pájaros se apegaron a Pepsi, mirándola desde lo alto,
utilizando el viento para planear directamente por encima de ella. Para ese
momento nos encontrábamos a medio camino de la cima de la colina, y yo estaba
comenzando a pensar que en esos momentos se agradece haber tenido un desayuno
abundante. Los pájaros comenzaban a ganar más altura, y para evitar que
pasaran al otro lado de la colina llamé a Pepsi a mi lado. La envié luego a
la izquierda de la pequeña colina, lo cual trajo a las aves de vuelta contra
el viento y encima de Pepsi y de mí. Al circundar la colina los pájaros
perdieron el viento, y decidieron elevarse y desviarse a la derecha para
recuperarlo. Ese fue el momento en que Pepsi hizo saltar a una liebre de
color blanco puro, que escapó rodeando la colina hacia la izquierda. Ty, como
de costumbre, fue el primero en pasar la colina por la cima y cruzarse con
Tasha, como han hecho en cientos de ocasiones. Tasha capturó a la liebre de
costado, y rodó colina abajo con ella, chocando con los brezos. Corrí detrás
de ellos, intentando intervenir y ayudar. De la nada surgió Amber, precipitándose sobre la bola
de pelo y plumas que se debatía dentro del matorral. Cuando
llegué al lugar la liebre había decidido que no quería jugar más, y pateó a
Tasha, que salió |
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despedida con Ambar sobre ella. Se quedaron posadas,
probablemente preguntándose qué había sucedido, y la liebre desapareció, como
el viento sobre la colina. Pensé que para su primer día los halcones
habían hecho suficiente, y regresé al pie de la colina, en donde había menos
posibilidades de encontrar liebres, y más de que las aves planearan y
consiguieran un perfecto control de su vuelo. Permitirles usar el viento para
su mejor beneficio es una importante lección a aprender. De vuelta a la
posada alimenté a los pájaros y los instalé en uno de los cobertizos, cercano
a la perrera de Pepsi. Al entrar a la posada, encontrar un cálido fuego y el
delicioso aroma de la cocina me abrió el apetito. Sin embargo, primero era
hora de un relajante baño con Radox, perfectamente sincronizado. El timbre llamando a cenar sonó. Una cena
fantástica de tres platos principales, una copa de vino, y por
supuesto las historias sobre la presa que escapó. |
